Se conmemora el natalicio de Dora Ochoa de Masramón

Este 3 de febrero se cumplen 111 años de su nacimiento y en el museo que lleva su nombre, se expondrán obras y objetos personales que marcaron su vida como escritora, docente y arqueóloga.

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Si bien algunos historiadores aseguran que la fecha de nacimiento es otra, documentos entregados por su propia familia afirman que la fecha de su natalicio es el 3 de febrero.

A partir de este miércoles los visitantes podrán disfrutar de esta exposición donde, en un lugar especial del museo, se encuentra uno de los afiches hechos con lápiz, donde Dora Ochoa calcaba las piedras en sus viajes, además de sus cuadernos de anotaciones y vestimenta.

Sobre su vida

Dora Delia Ochoa de Masramón nació en Concarán, provincia de San Luis, el 3 de febrero de 1908. Hija de Pascual Ochoa, el cual era dueño de una estancia y se dedicaba a la agricultura, y de Luisa Funes, ama de casa.

Realizó sus estudios primarios en la Escuela Nacional Nº 74, luego continuó cursando en la Escuela Normal de Niñas “Paula Domínguez de Bazán” (en la ciudad de San Luis), donde se recibió de maestra.

Al recibirse de Maestra Normal Nacional, comenzó a ejercer su profesión en una escuela de Villa Dolores, provincia de Córdoba. En el año 1931, Dora dejó su cargo de maestra para ocuparse de la dirección de la Escuela Nacional Nº 256, ubicada en La Gramilla, departamento Chacabuco.

Luego de 23 años como directora de esa escuela fue trasladada a la Escuela Nacional Nº 217 de Pozo Cavado de Chacabuco, donde allí ejerció algunos años más como directora.

Dora Ochoa conoció a Justo Masramón, con quien se casó en agosto del año 1934. El matrimonio tuvo dos hijos varones: Enrique y Roberto.

Paralelamente a sus tareas de docente, realizó múltiples investigaciones relacionadas con la cultura de la zona, y desarrolló una intensa labor en la investigación de la ornitología, de la antropología y del folklore sanluiseño.

Tomaba notas y registraba todo aquello que le interesaba, como las poesías de transmisión oral, visitando a los ancianos para que se las contaran. Luego siguió con las leyendas y costumbres registradas en carpetas y cuadernos.

Después de ejercer la docencia primaria y secundaria, en 1958 se jubiló y comenzó a dedicarse tiempo completo a las investigaciones.

El Gobierno de la Provincia de San Luis le otorgó la distinción de “Tesoro viviente de la cultura sanluiseña” poco tiempo antes de su muerte, ocurrida un 10 de julio de 1991 después de batallar contra una fuerte pulmonía.